Desear tener ¿es saludable?

A veces, resulta sumamente difícil diferenciar si las cosas que deseamos, las necesitamos realmente o no. Los bienes materiales son obtenidos por el esfuerzo de cada persona pero ese esfuerzo no puede llevarse a cabo sin un motivo. La mayoría de nosotros, seguro pensamos que ese motivo, fuera de las necesidades básicas, están sustentados en la obtención de un mayor confort y una mejora en la calidad de vida. Pero, ¿esto, realmente es así? ¿Hasta qué punto no se le hace desear a las personas bienes que no necesitan?
Hay una parte de la economía que es tóxica; formada por una sociedad que siempre piensa en consumir y hacer que otros consuman, contemplando poco los efectos que produce en la persona. Pareciera raro imaginar una economía ecológica, que tiene en cuenta la salud, sobre todo la mental de la sociedad que aporte al fortalecimiento de habilidades para consumir a conciencia, otorgando valores familiares y sociales.
El compromiso que deberían enfrentar muchas grandes empresas con los consumidores, es la de “cuidarlos”, así se asegurarán de tener clientes fieles donde invierten su capital, ponen su total confianza, haciendo participes de ello a su familia, no solo para cuidar su patrimonio sino su salud, a diferencia de muchas otras empresas que mantienen cautivo al consumidor sin dejarle otra alternativa que la de someterse a consumir lo que puede y no lo que quiere.
También es cierto que es poco ecológico estar exclusivamente abocado “a no gastar”. La idea es lograr una medida del ahorro lo suficientemente efectiva y beneficiosa sin alterar negativamente los aspectos emocionales y sin poner en riesgo los sentimientos de satisfacción.
“Algunos se sienten más satisfechos que otros, aun teniendo menos”. Esta afirmación ha servido de guía de estudios sobre el bienestar general. Durante años el tema fue objeto de debates filosóficos; se creía que el sentirse satisfecho estaba muy relacionado con poseer inteligencia, tener buena apariencia física o un buen status económico y lo que hacían las empresas, a través de sus productos, era lanzar en el mercado la promesa de conseguir esos atributos. Hoy en día se sabe que el mayor o menor bienestar está definido por una experiencia única en cada persona y no está tan directamente relacionado con estas variables.
El bienestar es una construcción personal y es la apreciación de una resultante que las personas hacemos acerca de cómo nos fue o nos está yendo en el transcurso de la vida. Alguien puede estar contento por que compró un nuevo vehículo para desplazarse, pero esto le sirve solo en lo inmediato; en lo profundo, no le da bienestar ni satisfacción, a no ser que las secuencias de esfuerzos que lo llevaron a obtener este bien, desde su aspiración hasta su logro, (sin tener en cuenta el bien mismo) se llevaron a cabo con un sentido de autorrealización. Es de intuir que aquellos individuos más satisfechos sufren menos malestar, tienen mejores apreciaciones personales, se manejan mejor en su entorno y poseen mejores habilidades sociales para vincularse con los demás, por lo tanto, no es raro suponer que estas personas necesiten de mucho menos bienes materiales para sentir que sus vidas son confortables. Ellas pueden pensar que el presente y el futuro pueden llegar a ser mejores, sin importar las condiciones objetivas que impone la realidad y esta es una señal de adaptabilidad. En un mundo donde casi todo lo rige la economía adaptarse en estos tiempos a ella, como controlar los deseos constantes por obtener, significaría una capacidad totalmente saludable.
Así como en consumir algo debería satisfacer una necesidad provocando algo más que llenar el estómago de un individuo, o sea, una satisfacción momentánea; la riqueza estaría a merced de dar un sentido que mejora no solo la calidad de vida sino que mejora al individuo. Pero ¿Bajo qué medios y esfuerzos se pretenden obtener las riquezas y los artículos que compramos? ¿Qué significado tendrá para nosotros el obtener o no un bien? ¿Será para satisfacer una necesidad o comodidad, será para crecer en algún aspecto, será para beneficiar a otros, será solo por placer, o será un deseo de generar algún sentimiento en los que me rodean? Es para reflexionarlo.

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La motivación como contrafuerza

Es cierto que la emoción es el motor del deseo y no basta con un pensamiento para frenar alguna conducta no deseada. Por ejemplo, el comer por ansiedad simplemente sin apetito, no se frena solo pensando en tener fuerza de voluntad. Lo que frena el hecho de comer es la acción, o sea, comemos por ansiedad pero comemos por que lo hacemos sobretodo. El deseo sigue estando allí. La fuerza de voluntad se pone de manifiesto cuando actuamos en contra de nuestros deseos no saludables y somos exitosos en ello. Para llevar a cabo esa fuerza primero es imprescindible pensar en tenerla y segundo llevarla a la acción, oponiéndose al deseo. ¿Cómo puedo oponerme al deseo? La respuesta es combatiendo la emoción que la genera. Lo que podría combatir una emoción como la ansiedad por comer es contraponerla con otra emoción que compita con ella, lo suficientemente poderosa que haga que seamos capaces de frenar nuestras conductas o acciones. Este aspecto puede ser la “motivación”. Sin motivación, no hay fuerza de voluntad que valga. “Nada en la vida se consigue sin una motivación, excepto la suerte… pero no creo que alguien baje de peso simplemente por azar, desgraciadamente es la fuerza de voluntad la que lo lleva a cabo”. Ejercitar la motivación no es algo sencillo, la base está en la constancia de objetivos legítimos para cada persona y para ello es importante descubrir el “para qué voy a hacer esto”; ¿qué justificaría realmente que cada uno haga un esfuerzo como para controlar una conducta no deseada?, ¿serán los beneficios consecuentes lo suficientemente satisfactorios como para abstenerme de comer en demasía? Pensar en lo que realmente deseamos y traducirlo en hechos concretos, en la medida de las posibilidades de cada persona, es la base para iniciar un cambio frente a una conducta no deseada. Estos hechos serán los “motivos” por lo que cada persona haría algo que lo saque de su comodidad. Lo importante para mantener esa constancia es escalonar los objetivos en función de los esfuerzos que se necesitan para lograrlos; por lo tanto hay que definir objetivos a corto, mediano y largo plazo para no caer en la frustración de sentir que se hacen esfuerzos y no se obtienen resultados.

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Para sacarle más provecho a tu sesión

En ocasiones, ocurre que atravesamos por un malestar psíquico pero no podemos definir cual es su origen. Tu terapeuta está para ayudar a encontrar la relación entre el malestar que transitas y el conflicto que lo genera; así empieza a realizar intervenciones con el fin de resolver tu situación. No siempre es fácil, de hecho muchos de nosotros, los terapeutas, debemos dedicarle tiempo a indagar sobre la vida del paciente para encontrar la raíz del problema y en muchos casos resulta sumamente difícil, al punto que esta tarea puede llevar varias sesiones. Si quieres sacarle provecho a la sesiones te recomiendo que empieces a trabajar fuera de ella dado que en la vida cotidiana es donde aparecen los conflictos. Algo que podría ayudarte a utilizar mejor tu tiempo de sesión es que le traigas información, lo más definida posible, a tu terapeuta para utilizar tu tiempo de forma más efectiva. Pon atención a aquellos momentos, entre sesión y sesión, en donde detectas el malestar y registralos. El hecho de definir en donde estabas, con quien , que fue lo que ocurrió, que sentiste en cuanto emoción y que pensaste, imaginaste o recordaste, mientras eso ocurría le dará a tu terapeuta una información valiosa para que a partir de allí, en función de tus reglas de funcionamiento interno, te ayude de forma más eficaz. Está muy bien que registres estas experiencias en un cuaderno, si lo deseas, como recordatorio de lo acontecido en la semana. Si hubo varias experiencias anótalas, posiblemente entre evento y otro habrá un hilo conductor y se podrán relacionar los matices emocionales y los pensamientos recurrentes que son una fuente de datos importante para tu terapia.

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Cuando dejar una terapia

Generalmente se nos ocurriría dejar una terapia en dos grandes situaciones: una es cuando hemos resuelto nuestros problemas o por lo menos el problema que generó el motivo de consulta; también cuando consideramos que la misma no esta dando los resultados que esperábamos. Sin embargo, a veces no es que no este funcionando la terapia, ocurre que muchos de nosotros pone expectativas demasiadas pretenciosas para lo que es un proceso psicoterapeutico. Mi experiencia me indica que lo mejor es chequear de forma constante con nuestro terapeuta como avanza este proceso. Muchas veces se vuelca en el terapeuta responsabilidades que no dependen de él; un psicólogo esta para ayudarnos a cambiar aspectos de nuestra vida, no para hacernos cambiar a nosotros como personas, quien toma la decisión de cambiar es uno. De todos modos cuando sentimos que una terapia está estancada o no avanza, lo primero que debe hacerse es transmitirlo para darle datos a tu terapeuta de las razones de este padecer y para revisar si realmente no esta funcionando o estas en un proceso lógico y adecuado. La ansiedad, generalmente nos juega este tipo de pasadas donde quisiéramos que nuestros problemas internos e interpersonales estén resueltos en una sesión. Tener en cuenta que en muchas oportunidades hemos padecido por años algún problema y sin embargo a la hora de tratarlo, nos cuesta tolerar un tiempo para resolverlo. Hay otros casos en donde no se esta en proceso de trabajar un síntoma sino "el sentido del síntoma", que es buscar los mecanismos que originaron el malestar, esta situación no necesariamente es un estado de angustia o dolor psíquico y aunque no parezca necesario, trabajarlo es esencial. A veces son períodos aburridos donde se "escarba en cuestiones que no se desean tocar" pero si queremos que el malestar no regrese, no queda alternativa. Llegado el caso en que lo plantees y no recibas respuestas claras, no se recurran a alternativas, o no te sientas cómodo; deja claro lo que te pasa, no es bueno avanzar en una terapia que no te sirve y en la que no estas dispuesto, esa experiencia influirá más adelante en otra, después de todo debemos admitir que "no todos los pacientes son para todos los terapeutas y no todos los terapeutas son para todos los pacientes".

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Cuando realizar una terapia

Hay muchas opiniones des-encontradas al respecto, hay quienes piensan que "todos" deberían hacer terapia siempre, otros que se debería realizar en una etapa de la vida, otros que solo cuando uno se siente mal. La realidad es que, más allá de lo que se diga, uno contempla la posibilidad de hacer una terapia cuando en el día a día, luego de haber usado los propios recursos para salir adelante, llega a la conclusión que no se puede con "los propios métodos" y necesita utilizar los métodos profesionales, buscando una mirada comprensiva pero objetiva a la vez. Generalmente se suele asistir a una terapia, no cuando esta se contempla, sino cuando la situación implica un estado de crisis y es cuando esa contemplación pasa a la acción. Así como uno no requiere de los servicios médicos cuando se siente bien, lo mismo pasa con el psicólogo, no requiere de sus servicios si no hay motivo aparente alguno ; sin embargo, así como se necesitan medidas preventivas para la salud física, se debería tener en cuenta las medidas preventivas psicológicas y más aún por que estamos invadidos de la contaminación emocional del medio, en forma constante. Por otro lado, debemos diferenciar que las crisis aparecen por un cuadro de síntomas que permanecen y en función de la resistencia de cada uno es cuando se decide hacer una terapia. El tema es que se relaciona la falta de síntomas con la salud; o sea, " no me duele nada, entonces no estoy enfermo". Es el gran error de muchos de nosotros. En psicología , a veces los problemas, no están en los síntomas, se asientan de forma subyacente en la psiquis y aparecen en forma de síntoma luego de varios años de padecerlo. Esos problemas subyacentes suelen ser conflictos o inquietudes no resueltas a los que no se les a prestado atención en su momento y ahora salen a la luz de forma intrusiva casi sin poder evitarse. Otro tema y más profundo aún, es la forma en que aprendemos a percibir nuestra experiencia, cada persona tiene una historia de vida y la misma lo ha marcado lo suficiente como para tener opiniones con un estilo particular de vivir y es en función del estilo con que se maneja en lo cotidiano para pensar que lo que le pasa es por una razón y no por otra. Esto lo puede llevar a vivir situaciones de las cuales desconoce y también de las cuales no percibe como problemas aún siéndolos. Por ello te sugiero que para reflexionar sobre las cosas que te pasan en general, te tomes una hora de tu vida y converses con un profesional de confianza. El sabrá orientarte. A diferencia de los confidentes y amigos, que si bien son de gran ayuda, un terapeuta esta preparado para mantener una mirada objetiva, sin que sus intervenciones estén teñidas de subjetividad.

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Obesidad , Grupos

Convivir con la obesidad no es fácil, si se hace en equipo resulta más sencillo. Semanalmente trabajamos para que obtengas habilidades, contenerte y aprender a controlar la compulsión por comer. Los grupos están coordinados por un médico con mucha trayectoria en la materia (Dr. Pablo Díaz) y un psicólogo (yo).

Lugar y horarios: Belgrano (Capital Federal), los días miércoles de 19:30 hs

Informes al 4786 1345/4818 y a partir de Agosto de 2010 al 4782 8414

Amigos que nos visitan

Mis más sinceros saludos a la gente de las provincias de San Luis, Córdoba, La Pampa, Entre Ríos, Santa Cruz y Buenos Aires que han hecho contacto. Un gran abrazo para Uruguay, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Salvador, Panamá, Guatemala, Puesrto Rico, México, Estados Unidos, España, Irlanda, Suecia, Noruega, Italia, Alemania, India y en especial para la hermana República de Chile en un momento tan difícil.

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