Dejar tranquilo al tiempo que pase
Si alguien vio la película “El Extraño Caso de Benjamin Button” con Brad Pitt seguramente se ha sentido impactado por lo que genera emocionalmente el film; por lo menos es lo que me pasó a mí. La paradoja entre el paso del tiempo cronológico versus el retroceso del tiempo biológico, genera una impresionante competencia interna de no saber que postura tomar, si aceptar el envejecimiento como un proceso natural, preferir no pensar en ello o quedarse solo centrado en el presente. Para el que no la vio, se la recomiendo y le sugiero poner atención en lo que le pasa internamente cuando ve a alguien que envejece desde punto de vista cronológico y rejuvenece desde el punto de vista biológico a la vez, (con lo que eso implica; una involución mental en el fin de los tiempos).
Esta temática de la edad y el paso del tiempo es algo que nadie puede eludir y aunque muchos nieguen su interés, no pueden pasarlo de largo desde el momento que definen plazos para sus proyectos, citas y planifican en distintos órdenes la vida. Es cierto que a medida que pasa el tiempo nos hacemos más conscientes del paso de éste y de hecho, si fuese por uno desearía detenerlo en muchos casos.
En general, las personas antes de cumplir los 30 años no están tan pendientes de cómo transcurre el tiempo, pareciera que uno siente la vida Ad Eternum; a medida que el tiempo avanza estamos más atentos de si tenemos o no tiempo para hacer esto o aquello. Es muy común escuchar o pensar que uno “cumplió 30 y aun no tiene novio”, o “todos mis amigos ya están casados”, “estoy grande para tener hijos”, “quiero conocer Egipto antes de los 50” y muchos otros pensamientos por el estilo. La realidad es que estamos más pendientes del tiempo que nos falta y de cómo éste transcurre que del que tenemos disponible para disfrutar. La cuestión es que a medida que este avanza aparecen más las presiones de tener “las cosas realizadas” aunque no nos dejen satisfacciones. No es casualidad que el incremento de los trastornos de ansiedad y depresión hayan aumentado en la población mundial. El afán de tener las cosas hechas pagando un precio desproporcionado termina enfermando a las personas.
El tema es ¿cual es la razón que justifique que debamos correr para llevar adelante una serie de proyectos que solo se logran cuando la persona está preparada para afrontarlo? Es cierto que no elegiríamos casarnos a los 12 años, pero ¿ lo haríamos por el simple hecho de tener más de 30?. Si fuese así, más de uno ya estaría arrepentido.
El tiempo es irreversible y minuto que pasa somos un minuto más ancianos, pero ¿qué consuelo hay para algo que no podemos cambiar? dado que el tiempo avanza más allá de nosotros.
¿Si apuraríamos nuestros proyectos para tenerlos realizados, obtendríamos satisfacción? La respuesta es evidente.
La filosofía hindú considera al futuro como una ilusión por que es algo que uno solo puede imaginar y el pasado también, por que aun recordando no se puede vivir fielmente la experiencia. Por lo tanto lo único real es el presente, pero este a su vez es tan corto que casi no se vive.
Se puede recordar el pasado pero intentar vivir en él es angustiante, también se pueden planificar metas pero no estar instalado en el futuro.
Lo que se disfruta siempre está en el presente, el recordar una época es algo que podemos hacer ahora mismo y disfrutarlo, el problema es pretender revivir ese pasado como una misma experiencia de antaño, dado que en esa época no éramos los mismos. Si vivimos anticipándonos a los acontecimientos, que posiblemente no ocurran también es angustiante por la desilusión que genera.
La conclusión arriba que lo mejor es vivir el presente y esto no es novedad pero lo importante no está en despreocuparse de lo que aconteció o de lo que va a ocurrir, sino de estar atento al momento del vivir y esto significa estar consciente a una experiencia en el momento en que la misma transcurre. Recordar que lo que acabo de comer era delicioso o lo que comeré será exquisito, no es lo mismo que disfrutarlo mientras lo degusto.
El presente es como es y no hay explicación para ello. La mente lo vive etiquetando y es por ello los juicios que hacemos sumados a los juicios con respecto del futuro y del pasado. Por ello para estar atentos al presente primero hay que aceptarlo sin cuestionamientos y segundo permanecer en él.
Para muchas crisis de los tiempos, la psicoterapia apunta no solo a conocer el por que nos afecta ese estadio sino a adquirir la habilidad de diferenciar nuestro futuro, pasado y presente de forma que uno pueda recordar o imaginar pero sin instalarse en algo que no es real para la persona, en ese momento y que solo atraviese aquellas angustias que su presente le marca como desafío.
